martes, 28 de abril de 2020

Así son las cosas


Para conseguir tumbar a un Gobierno legal y legítimamente constituido, se están llevando a cabo viscerales campañas de descredito desde una rastrera oposición. Diferentes ámbitos e instancias  ponen todas sus fuerzas en el empeño para la consecución de su anhelo: derrocar al llamado okupa Sánchez y al peligroso comunista Iglesias.
              “La conjunción del Ejecutivo Social Comunista creado por la confabulación de los enemigos de la Patria…, nos obliga a los españoles de bien a tomar decisiones que – a pesar del dolor que nos producen – ayuden a volver a la senda que España nunca debió abandonar”.
Cerrando los ojos incluso podríamos oír la vocecilla de la mismísima “Paca la culona”, el dictador monórquido  que asoló España durante cuatro décadas.
Esta alocución perfectamente podría atribuirse a cualquiera de los gallardos mariscales de campo que exhiben la banderita en la pulsera, en las mascarillas o tal vez bordada en la ropa interior.
Con la finalidad de justificar  las acciones que propugnan,  ponen encima del tablero político a las víctimas de la catástrofe. Exhibir muertos para tumbar gobiernos es una de las especialidades de la derecha patriótica.
Lo utilizaron con sus teorías de la conspiración, achacando la victoria de Zapatero a la realización de un terrible atentado que quisieron atribuir a la organización terrorista ETA. Las posteriores investigaciones, procesos judiciales y sentencias dejaron en evidencia la falsedad que esgrimieron ministros, políticos e informadores de la conjura.
No importa, a día de hoy 16 años después, sinvergüenzas siguen martilleando a la población disfrazados de periodistas, mediante periodicuchos convertidos en bodrios. Siguen usando  la cantinela de una conspiración para justificar que fueran desalojados del poder los cachorros de Aznar.
La situación que vivimos vuelve a animar a los fanáticos para enardecer los ánimos. Cada vez que los herederos del legado franquista se ven un poco apartados de los atributos del poder, orquestan una campaña para enrarecer el ambiente y lograr por otros caminos lo que la democracia les ha negado.
Si la sarta de memeces con que nos obsequian las viéramos en blanco y negro,  pusiéramos una voz aflautada de niño viejo que nunca crece y lo aderezáramos de ¡Vivas! y ¡Arribas! obtendríamos un perfecto gazpacho de idioteces dignas de cualquier desmembrado cerebral de la emergente extrema derecha actual.
Al rebelde le faltaba un huevo testicular y le sobraba “un huevo de psicopatía asesina”.
Los legatarios políticos del dictador han vuelto. Dejémonos de zarandajas, nunca se fueron, permanecían ocultos. En la actualidad no necesitan disfraces casi democráticos, ahora se atreven a desafiar abiertamente a las leyes, al Gobierno y a los tribunales. Ya están alentando un golpe de estado, tardarán muy poco en reclamar la intervención armada del uniformado salvapatrias de turno.
Una nueva andanada de reproches trata de inculcar entre el imaginario colectivo la culpabilidad del Gobierno en los trágicos resultados de la pandemia. Otra vez cadáveres  encima de la mesa.
De golpe y porrazo se ha propagado por contagio cerebral una excelsa formación epidemiológica nacional. En el más recóndito de los parajes emerge una eminencia capaz de dar solución científica a los estragos de la pandemia.
Las normas dictadas han tenido que ser radicales, en este país las recomendaciones no sirven de mucho, un alarmante porcentaje de autóctonos están incapacitados para entenderlas y menos para seguirlas.
Desde los grupos opositores tampoco han ayudado gran cosa. Los políticos con sus soflamas incendiarias, los empresarios dando patadas al Gobierno en el culo de los trabajadores y la jerarquía eclesiástica manipulando conciencias desde los púlpitos modernos instalados en televisiones, emisoras de radio y panfletos pastorales.
Las medidas preventivas no se adoptaron con anterioridad ni adecuadamente. Cierto, todas las personas que opinan así no dejan de decir una obviedad. El sistema sanitario público fue convenientemente desmantelado para dar negocio a los consorcios sanitarios privados.
Estas Corporaciones  sirvieron a los amos para recuperar los beneficios que habían perdido con la explosión de la burbuja inmobiliaria. Necesitaban otro cado de negocio y lo encontraron en la salud.
A partir de ese momento una España despojada de industria, sin recursos propios y dependiente de los proveedores extranjeros tuvo muy limitada su capacidad de reacción.
Y eso por muchas banderitas que ondeen y caceroladas que organicen no es culpa de un ejecutivo que lleva 100 días de Gobierno activo y 60 de ellos con una  pandemia globalizada.

miércoles, 22 de abril de 2020

Los mismos jinetes de siempre


Si hay algo a lo que conduce el momento que estamos viviendo es a una profunda depresión no exenta de escepticismo hacia todo lo que nos rodea. El amasijo de mortales que componemos la maquinaria productiva e improductiva de la población nacional hispánica somos diferentes, pero no por ser sagaces, ingeniosos, solidarios, simpáticos o inteligentes, somos diferentes por nuestra ancestral inclinación a vivir sometidos.
Somos tan dóciles como los orgullosos caballos españoles debidamente domados. Austrias y Borbones encontraron en la cabaña equina ibérica la realización de sus anhelos: un animal con apariencia de impetuoso y sin embago obediente a la mínima señal del jinete. Todos los pintores de las estirpes resaltaban la gallarda figura de un príncipe sometiendo la voluntad de la indómita bestia.
Nada más lejos de la realidad, el caballo pura raza español encarna la totalidad de las virtudes que los amos de la plantación esperan encontrar en sus esclavos: sumisión, abnegación, fortaleza y servidumbre.
Desde el principio de los tiempos, la tradicional clase dirigente española ha entendido muy bien cómo sacar provecho de las características de los vasallos. Empresarios, capital e iglesia coinciden en sus mensajes con los partidos de la oposición cuando tildan de apocalípticas las medidas que va adoptando el Gobierno.
Los propietarios de la derecha han colocado en el Congreso de los Diputados a unos monigotes para que  socaven la credibilidad del actual ejecutivo cueste lo que cueste.
No les importan las víctimas, los machotes hispánicos siempre han considerado a los muertos como daños colaterales. Para esos jinetes de la indecencia, los fallecidos son cifras en el informe estadístico rellenado por una becaria mal pagada. Siempre que los muertos no sean cercanos ¡Por supuesto! Si son parentela, en lugar de bajas pasan a ser mártires.
Cuando el orbe se debate en el análisis de un nuevo orden mundial, aquí perdemos el tiempo con las ocurrencias de un cura de pueblo recitando la homilía a cuatro feligreses beatos carentes de empatía social.
Mientras los organismos económicos de las naciones avanzadas entienden la necesidad de aportar recursos para paliar la devastación, en esta España tuya y nuestra “los meritorios” paniaguados denigran la renta mínima vital considerándola una paguita para vagos.
¡Ojo que entre los que se posicionan en contra de las ayudas se halla un colectivo tan “productivo” como el de los Obispos! Una tropa históricamente acostumbrada a esquilmar las arcas públicas, niega la ayuda a los desfavorecidos y dañados por esta catástrofe ¿Necesita la Iglesia que los desgraciados sigan desprotegidos?
Resulta una demostración más de la calidad que adorna a la Conferencia Episcopal. La curia defiende la opción de que los recursos sean derivados a la caridad - vía cruz en la declaración de la renta -  para ser gestionados alegremente por los Arzobispados. No les gusta que las instituciones gubernativas dicten medidas de JUSTICIA social.
No es de extrañar, ponderada por los meapilas, la caridad tiene en los derechos sociales a su mayor enemigo.  La justicia equitativa y la redistribución de la riqueza dejan sin sentido la caridad.
Queda clara la oposición eclesiástica a la renta básica: están defendiendo su puesto de trabajo, la caridad es el disfraz con el que enmascaran su falta de función. Sin necesitados no tienen a quién auxiliar y los psicólogos son una dura competencia como consuelo al atormentado.
Los empresarios y por ende el capital, también se oponen a la renta vital. Con una simple reflexión deberíamos preguntarnos ¿Por qué tanta beligerancia?
La respuesta la dio, aunque fuera de manera involuntaria, la comunity manager de un chucho: Isabel Díaz Ayuso. La becaria de “Pecas” defendió el “trabajo basura” diciendo que muchas personas querrían un trabajo de esas características. 
Naturalmente que sí, pero se le olvidó decir - o quizás no está capacitada para reparar en ello - que los trabajos con condiciones laborales por debajo del umbral de la dignidad, no son ocupaciones deseables, son esclavitud encubierta bajo el paraguas de una falsa competitividad empresarial que en realidad esconde explotación.
Curas y patronal siempre han caminado unidos en la consecución de sus objetivos, falta que se adhieran otras piezas para acabar el puzle. Avanza a la carrera una detestable rama política, la extrema derecha se ha desenmascarado y cada vez ocultan menos la finalidad que persiguen. Cuando alcancen la meta lloraremos la estupidez de nuestro comportamiento.
Si todavía no han dado el paso definitivo no es por falta de ganas, es porque desconfían del  seguimiento que suscitaría entre los uniformados un proceso desestabilizador a gran escala.
Afortunadamente, todavía es un escenario que le plantea muchas dudas a esa “derechita valiente” emergida de la neblina democrática con la que se envuelve la derecha pos franquista.
Nos queda esperar que el mando supremo de los ejércitos no sucumba a la tentación de montar un brioso corcel para arengar a las tropas.











sábado, 11 de abril de 2020

El hedor de las propuestas


Los mentecatos insolidarios son muchos más de lo deseable, el número de sanciones interpuestas hasta la fecha supera ampliamente el medio millón. Esto representa que los infractores son casi cuatro  veces más numerosos que el número de contagiados ¡inaudito! Solo cabe una explicación a semejante estadística: la estupidez insolidaria es más rápida que el virus.
En semejante escenario, el Gobierno de coalición tiene que bregar con las críticas que la oposición lanza a su gestión. Utilizan las cifras para minar las acciones y disposiciones gubernativas, tenga o no responsabilidad en las áreas concernidas. Poco importan los traspasos de competencias, ni la gestión descentralizada, ni siquiera la utilización que algunas administraciones han hecho de las partidas presupuestarias.
Piensan esos creadores de opinión que ahora es el momento de centrar toda la artillería en el acoso y derribo de un Gobierno que consideran ilegítimo y al que tildan de peligroso para la seguridad nacional.
Desde las editoriales apoyan a grupos políticos que presentan auténticas ocurrencias sin importar mucho sus múltiples incoherencias, falsedades o incluso que realicen fanáticos llamamientos a subvertir el orden legalmente establecido.
Donde ayer decían blanco blandiendo el salvamiento de la patria, hoy usan el negro para defender a “su patria”. La manifiesta ilegalidad de sus propuestas – tal y como han observado los letrados del Congreso de Diputados – van acompañadas de un absoluto desprecio al ordenamiento constitucional vigente.
Tampoco ayuda mucho la flacidez endémica de la opinión pública. La obscena exhibición de fariseísmo político que adorna a gran cantidad de comunicadores está alcanzando cotas de desconocido filibusterismo informativo. Todo sin que su comportamiento sea repudiado por una la población que debería estar harta de ser manipulada. Estos informadores perversos manejan los datos oficiales - y los que se inventan - con  la torticera finalidad de debilitar la credibilidad de un Gobierno que consideran bastardo.
Los cantautores de la oposición interpretan sus baladas reivindicativas en un escenario de tenebrosos augurios ¡o ellos o el caos!
Son acompañados ¡Cómo no! por relucientes estómagos agradecidos capitaneados por los mariscales del latrocinio: ¡a la batería! Felipe “X” González,  ¡En el bajo! José María “No me aguanta la mirada” Aznar, ¡en el triangulo! Rosa “Me cambio de partido” Díez, ¡Los coros son los medios afines! y ¡tocando la gaita! La Curia episcopal.
Todos contra el Gobierno socio-comunista-bolivariano que ha salido del Congreso de los diputados con la ayuda de los separatistas, golpistas, rebeldes y nacionalistas rompe-España.
Suben a la tribuna de la cámara de diputados y ruegan a dios que acabe con la epidemia porque la ciencia no avanza tan rápida como el agua bendita que lleva el Ángel Marcelo.
Por si dios esta en otras cosas, se invocan la intervención del Borbón para ver si se decide a dar un golpe de timón (esta vez bien hecho, no como la chapuza que las malas lenguas le atribuyen al emérito) con el objetivo de reconducir a la patria por la senda que nunca debió abandonar la de ¡Como dios manda!
Para sus fines postulan a los tres tenores en versión “Sopranos”: Felipe, José María y Rosa, para que elijamos líder.
Una vez visto que la “modélica transacción” permitió a los criminales continuar gozando de los beneficios de sus crímenes, los lacayos del verdadero poder tienen muy poco interés en que nada cambie. De la democracia  ya si eso.
Sobre el mundo se extiende una amenaza sanitaria que indudablemente será superada, aunque las consecuencias que se prevén tienen pocos visos de ser halagüeñas.
Los carroñeros están ojo avizor para rentabilizar la situación que se avecina. Y como siempre ha sucedido desde que el mundo es mundo, los audaces emprendedores esquilmarán la caja que más provisiones tiene: la de todos.
A los reputados economistas liberales se les llena la boca alabando las excelencias de un sistema de libre competencia sin regulación posible,  en el cual – dicen los muy osados - cada uno tenga ganancias de acuerdo a sus valías, preparación y méritos.
Claro que como los beneficios a alcanzar están limitados por las ambiciones de un avaricioso círculo muy restringido, los depredadores miran con ojos golositos la rebosante caja común. Una caja hecha con sudor, sacrificio y trabajo, elementos de poco valor para aquellos que esgrimen el nacimiento, la estirpe y la clase social para alcanzar influencias.
Los meritorios heredan fortunas, puestos de trabajo, cargos públicos y hasta puestos políticos. Cuando ocupan los sitios dominantes lo atribuyen a su especial preparación y valía, cuando en realidad es debido a influyentes presiones de su entorno.
El pago a las prebendas que reciben lo hacen con capital que no les pertenece, privatizan empresas, disminuyen servicios sociales y recortan derechos mientras todo el capital esquilmado es regalado a los mecenas que les protegen.
La situación actual no difiere mucho de otras que ya hemos vivido, las reacciones de las lumbreras socio-políticas suelen ser similares en todas las circunstancias.
En primer lugar vociferan negando la peligrosidad de los acontecimientos, a continuación pasan a un estado de silencioso letargo en espera de que pase la alarma,  a ello le sigue un posicionamiento a favor de cambiar hábitos de comportamiento que han conducido hasta la situación de crisis para atacar con virulencia a todo aquel que ose advertir de las medidas económicas liberales.
Todo acaba con la intervención de los mediáticos mercenarios del poder que colocan a cada cual en su sitio: el dinero en la cima, la iglesia a su derecha, los uniformados a sus pies y el pueblo bajo las botas.

domingo, 29 de marzo de 2020

La pandemia crónica


Las autoridades científicas se encuentren en estado de shock y la sociedad cae en la injusticia de culpabilizar a los políticos metiendo a todos en el mismo saco.
Los expertos intentan aplicar remedios que funcionaron en situaciones sanitarias similares. Los protocolos de actuación tienen un proceso simple:
-          La identificación y/o aislamiento
-          La contaminación y/o propagación.
-          La cura y/o superación.
-          La prevención y/o vacunación.
Algunas de las fases han sido superadas y según los informes que nos llegan parece que está  clara la forma de contagio y la de trasmisión: el contacto directo o la posibilidad de que un infectado deje el virus en algún artilugio que posteriormente pueda ser utilizado por otra persona en un breve plazo de tiempo.
Como principal medida de prevención se está decretando el aislamiento y la confinación. Ello provoca una disminución de la actividad personal, profesional, laboral, empresarial, social y económica, explicitando con el cumplimiento o el desacato la pasta de la que estamos hechos. Al lado de generosidad, sacrificio, trabajo y responsable comportamiento están otras maneras de actuar.
Las retenciones para salir durante los fines de semana a la segunda vivienda, las trampitas para pasear el perro, las múltiples triquiñuelas que se usan para saltarse el confinamiento van íntimamente unidas al tipo de sociedad que hemos fabricado. Es decir, actitudes egoístas, insolidarias, tramposas, irresponsables, desobedientes, señalan con meridiana claridad las prioridades que mueven a cada persona.
Algunos profesionales que están realizando su labor en tiempos difíciles son merecedores de los aplausos que cada día reciben, pero también lo eran en tiempos más normales y estaban olvidados en la más absoluta y completa soledad.
Cuando los gobiernos de Rajoy, Esperanza Aguirre, Camps…, acometieron sin miramientos el desmantelamiento de la sanidad pública, algunos trabajadores de la sanidad (no todos)  alertaron a la sociedad de los problemas que llegarían con esa devastación. Sistemáticamente la marea blanca se manifestó en defensa de la sanidad pública.
Se privatizaron servicios, desparecieron camas hospitalarias, se redujeron plantillas, disminuyó la inversión en investigación, en material y en medicamentos, drásticamente se priorizó las ayudas a las corporaciones privadas en detrimento de la sanidad de todos.
El resultado lo conocemos, nació una nueva burbuja que sustituyó a del ladrillo, la especulación sanitaria ha proporcionado pingües beneficios durante los últimos diez años. Bancos, aseguradoras y brókeres inversionistas han aterrizado en la sanidad cambiando salud por euros.
Los liberales económicos jalean la desaparición del Estado en la gestión de cualquier campo que pudiera representar un beneficio económico para los inversores privados y su capital.
El modelo de USA es la meta que persiguen los lobos de la especulación sanitaria. El negocio de la salud plantea pocas dudas. Ante la pérdida de la salud ¡todos! estamos dispuestos a endeudarnos incluso hasta convertirnos en esclavos de nuestra deuda.
Naturalmente muchas sanguijuelas se aprovechan de la situación, con la complicidad de algunos micrófonos y plumas usados por mierdecillas de la profesión periodística convenientemente comprados. Por supuesto no van a faltar  los políticos ventajistas “salvapatrias” que no van a perder la ocasión de hacer el trabajo que sus amos les han encomendado.
Ahora claman por la falta de personal sanitario, por la falta de camas hospitalarias, por la ausencia de material y recursos. Ellos que se dedicaron sistemáticamente a desguazar el sistema para que sus jefes se llenaran los bolsillos.
Una  prueba más de la congruencia de tipos que cobran de las arcas de un Estado que quieren deshacer y a la vez viven a cuerpo de rey en puestos creados exclusivamente para ellos.
Como ejemplo sirve Abascal proponiendo una confluencia de dios y la ciencia para ver si entre ambos encuentran una salida a la pandemia. Además recomienda no dar asistencia a los inmigrantes no vaya a ser que se curen. Todo normal en la cabeza de un tarugo estructural que tiene la desfachatez de culpar al Gobierno porque no le prohibieron el 8M la celebración de su acto en Vistalegre.
La  otra lumbrera de la derecha hispánica no se queda atrás. Al líder supremo del Partido Popular le chirría que Pedro Sánchez siga las recomendaciones de los expertos. No como su partido que resuelve los problemas de salud (crisis de las vacas locas, ébola…) o ecológicos (el Prestige, proyecto Castor…) encomendándose a la virgen de turno o llamando al ángel Marcelo.
Pablo Casado - que también tuvo a Esperanza Aguirre de mentora igual que su amigo Santi Abascal – el chico del “máster regalado”, se le ocurre como solución infalible izar banderitas a media asta. Será que piensa que el balanceo de la enseña aventará el virus y con la caída se romperá la cabeza.
La aparición de la pandemia del COVID-19 necesariamente obligará a reflexionar al mundo. En España a la gravedad sanitaria que padecemos se une la mezquindad que llevamos muchos años sufriendo.
La avaricia de los grupos políticos de las derechas ultramontanas es la epidemia crónica que sufrimos y continúan propagando con sus  miserables comportamientos. Ya va siendo hora de aprender a defender los derechos conseguidos para encontrar las vacunas necesarias.

domingo, 22 de marzo de 2020

¿A por ellas?



Ni las pandemias, ni los enfermos ingresados en cuidados intensivos, ni la condición de universalidad del problema, ni su meteórica expansión, ni siquiera las más de mil muertes que ya se han producido a día de hoy. Nada les detiene. Ellos siguen erre que erre con su campaña de acoso y descrédito al Gobierno.
El nivel de indecencia que están exhibiendo supera con creces cualquier previsión.
Los bien-pagados periodistas de la carcunda eclesiástica y civil - cuyos nombres están en la mente de todos y que voy a omitir para no infectar mi ordenador – unen sus fuerzas y se conjuran como fuerza de choque para reinstalar las esencias más retrógradas e intolerantes.
Sus acciones de desgaste insisten en culpabilizar al “Gobierno de los okupas”. Argumentan falta de diligencia, poca capacitación, sectarismo y una larga lista de delitos varios. Pero en eso no queda todo, necesitan otro reo para sus sacrificios y sus orgías informativas. Y ahí aparece el resentimiento que albergan contra las mujeres.
Los medios patrocinados por la Conferencia Episcopal intentan entorpecer el avance de derechos que persigue el colectivo feminista. Nada extraño, a estas alturas de la historia es sobradamente conocida la exacerbada misoginia de la Iglesia Católica para que ninguno de sus detestables actos nos pille por sorpresa.
Tampoco nos llama la atención la beligerancia de las formaciones políticas de extrema derecha y extrema derecha extrema contra las organizaciones feministas por exigir los derechos de la mujer y defender la igualdad social, cultural y política sin distinción de género.
Es conocida la rastrera sumisión que esas formaciones profesan a los príncipes de la Iglesia. Probablemente reminiscencias de la colaboración que históricamente ha mantenido ambas facciones de la derecha: la eclesiástica y la política.
Deberíamos preguntarnos ¿A qué se debe tanta inquina?
La animadversión de la Iglesia está plenamente encuadrada en su ADN. De una asociación patriarcal, machista, misógina, reaccionaria y retrógrada no cabe otra postura. Nada extraño.
Las reacciones que llegan desde  la intransigencia política también tienen su explicación en sus genes. Participan de un sistema democrático porque no les queda otro remedio. Ni creen en la democracia, ni les gusta, ni la respetan. Únicamente les resulta de utilidad cuando las urnas les conceden el poder.
Cuando se unen los hados del destino y el recuento de los votos señala a la izquierda desarrapada como ganadora de las elecciones, se desatan todos los idus de la guerra para desalojar a los que llaman usurpadores.
 Esto no es una metáfora ni un recurso literario, es la triste realidad que se ha cumplido sistemáticamente en nuestra pobre vida democrática. Comienzan generando dudas sobre el resultado, continúan inventando teorías de la conspiración para acabar deslegitimando los resultados. 
Sin olvidar que al final del pasillo siempre aparece una figura uniformada que todavía rezuma el olor a rancio que exhalan las dependencias cuartelarías. Muchos generales del Ejército español han tenido la fea costumbre de intervenir en política para acabar torturando al pueblo que debían proteger.
La catástrofe del coronavirus está sirviendo para quitar muchas caretas. Entre ellas la de los  sinvergüenzas que expoliaron la sanidad pública para regalar negocio a sus amigos mientras claman al cielo ante la falta de recursos materiales y humanos que actualmente padece. Ahora quieren que el Estado que ellos desmantelaron sea rápido y eficiente.
Pablo Casado ha encontrado en Díaz Ayuso el ariete idóneo para demoler las medidas del  Gobierno de la Nación, ¡Lo qué es la vida! De ser la encargada del twitter de “Pecas” y recoger sus caquitas, a ser la personalidad relevante del partido. La señora de los atascos está ofendida porque Madrid es considerado el epicentro del contagio en España ¿La chica tampoco sabe leer las estadísticas?
A su lado camina el Jefazo de la “derechota valiente”. El chico sólo ha leído de la Constitución el artículo que habla de la unidad de España, debe de ser por aquello de Una, Grande y Libre que le pone mogollón. Podía haber aprovechado el tiempo y estudiar la norma constitucional cuando tocándose las gónadas cobraba un pastizal en una canonjía regalada por su benefactora Esperanza Aguirre. Paradójicamente la marquesa está siendo atendida por la misma sanidad que ella machacó ¿Recordamos su imagen avasallando a una enfermera?
Ambas derechas arremeten con virulencia contra el movimiento feminista, saben que las mujeres  representan el dique de contención contra sus cavernícolas planteamientos. Por lerdos que parezcan, son conscientes que el movimiento feminista ha decidido no dar un paso atrás.
Ellas  seguirán con su lucha por la defensa de un lugar igualitario en la sociedad a pesar de ser culpabilizadas de la propagación exponencial de la pandemia, del colapso del sistema sanitario aunque fuera desmantelado por Esperanza Aguirre y Rajoy e incluso es posible que les achaquen los chanchullos del “Emérito” y la inutilidad del “Preparado”.
Las referencias al 8M sólo son la verbalización de la misoginia que padecen. Los poderes fácticos saben que el mundo va a cambiar y el cambio va a llegar de la mano de las mujeres, de las mujeres feministas convencidas de que no son inferiores y de que tienen que pelear por sus derechos porque nadie les va a regalar nada.

martes, 17 de marzo de 2020

El virus y la Corona


Desde los panfletos informativos oficialistas nos llegan los sonidos de las fanfarrias alabando la extraordinaria rectitud de comportamiento de la que hace gala Felipe VI de Borbón y Grecia. Con un comunicado desde la Casa Real, “El Preparao” ha defenestrado a su progenitor en un intento de alejarse del hedor que emana del ala de Zarzuela en la que habita “El Campechano”.
El resumen del comunicado es que Felipe VI reconoce que Juan Carlos I se ha dedicado a realizar actos presuntamente turbios, con cobros en paraísos fiscales, de pagadores poco recomendables y por actividades poco claras. Vamos que le huele a corrupción presunta desde lejos.
Según se desprende del real comunicado, hace tiempo que las actividades del “emérito” tenían en guardia al titular de la corona. Pero como un padre es un padre y a este progenitor el hijo le debe todo, el niño solamente ha movido un dedo cuando la fiscalía suiza ha destapado las vergüenzas de papá.
La criatura ya no es tan niño, ya es un señor “talludito” con criterio propio aunque sea limitado. Su alabada decisión ha sido renunciar a la herencia que le corresponda de su emérito padre y quitarle la paga.
¡Y esto lo escriben en un comunicado oficial!
Felipe haría bien empezando a despedir asesores legales y aduladores varios. Un estudiante de 1º de derecho sabe que para renunciar a una herencia, primero tiene que producirse el acto que concede el derecho de herencia; normalmente es el óbito del heredable. En vida se realizan donaciones. Que nosotros sepamos Juan Carlos todavía campa a sus anchas con los pasitos que le permiten sus maltrechas caderas.
Lo de quitarle la paga es intranscendente aunque haya sido muy bien recibido. La casa Real no está sometida al control de sus cuentas y la asignación que la Corona recibe de los Presupuestos del Estado no va a descender.
Por otro lado Felipe no va a permitir que su padre pase penurias, tranquilos. Y el cazador de elefantes parece que ha acumulado recursos suficientes para continuar con sus borbónicas aficiones.
Con presteza la derecha extrema y su prima la extrema derecha extrema han salido a la palestra para enaltecer el comportamiento del monarca titular.
La renuncia inadecuada a la herencia la ven como una prueba de rectitud solemne. Bueno, la ven o la quieren vender así para seguir dando grititos de ¡Viva el rey!
Si Felipe VI de Borbón y Grecia albergara en su mente la menor intención de rechazar la herencia paterna, comenzaría por renunciar al bien más preciado que todo monarca recibe en herencia de su progenitor: La Corona.  
Sin embargo lo que su gesto pretende es aplicar un corta fuegos con propiedades asépticas para desinfectar su reinado.
Un reinado prematuramente nacido como consecuencia de las actividades impropiamente oscuras del progenitor.
Tan oscuras que tuvieron que urdir una extraña ampliación de la inviolabilidad de la persona del rey Juan Carlos una vez hubiera abandonado la Jefatura del Estado.
Una Jefatura del Estado blindada por una Constitución nacida en una nueva restauración borbónica impuesta por un genocida, sancionada por las Cortes de un régimen nauseabundamente dictatorial y refrendada por un Parlamento nacido bajo la amenaza de una involución fascista. A todo ese conglomerado de atrocidades democráticas hemos dado en llamarle “Modélica Transición”.
Ahora mismo el espectro político español está atomizado en grupos con dificultad para alcanzar mayorías cualificadas, si tuvieran el mínimo atisbo de responsabilidad política se pondrían de acuerdo para atacar el verdadero problema que paraliza el desarrollo político y social de la Nación: acometer la reforma de la Constitución del 78.
Aunque parezca baladí, la mayor dificultad estriba en salvar el escollo que representa la monarquía en la Constitución actual. Entre otros el Artículo 62 en su apartado (h) recoge la figura del rey como mando supremo de las fuerzas armadas. Por mucho que estemos en el siglo XXI la historia es la historia y del ejército español se puede esperar lo que se puede esperar.
Cuando el coronavirus nos obliga a permanecer confinados no sería un mal momento para reflexionar si la verdadera enfermedad que padecemos es una Corona con virus y tenemos que aislar a la Jefatura del Estado de su influencia.

jueves, 13 de febrero de 2020

El poder



Hemos conocido una serie de medidas legislativas que el nuevo Gobierno quiere llevar al Congreso  para aprobarlas con la mayor celeridad. Todas ellas están impregnadas de un destacado componente reivindicativo de avances sociales.
Hace tiempo que los partidos de progreso se vienen planteando la necesidad de introducir una reforma en el Código Penal para penalizar la apología del franquismo. Sería un paso ineludible para cerrar una de las muchas deficiencias que quedaron inconclusas tras la “modélica” Transición.
Calificar como delito la exaltación del franquismo es una deuda  que debe de ser saldada de una vez por todas. La medida llega con varias décadas de retraso y con toda seguridad contará con la dura oposición de los residuos fascistas que ensombrecen nuestra convivencia. Sin olvidar a los militares franquistas que aún pululan por las fuerzas armadas. A estos gérmenes purulentos del pasado dictatorial les pondrá voz el grupo político de “homínidos nostálgicos en vías de desarrollo”; el PPOX. En sus dos vertientes, la que trata de reclutar simpatizantes visitando acuartelamientos e instalaciones militares y la que destila soberbia mirando con desdén a los plebeyos.
Se rumorea que el simulacro de “Rambo” de la ultra-ultra derecha está realizando una turné para conseguir el favor y la simpatía del gremio uniformado y de paso aprovecha para pegar unos tiritos.  Si no consigue grandes resultados, siempre podrá consolarse con el olor a rancio que respirará en algunos despachos de la milicia. Aunque parezca mentira, muchos de ellos todavía no han  sido aireados por los vientecillos de democracia que han soplado durante  los últimos 40 años.
Estas iniciativas que van a ser debatidas emanan de una extraordinaria demanda social y van acompañadas de una enorme sensación de necesidad para ponerlas en vigor. Su aprobación parece tan  necesaria como justa, pero es seguro que van a chocar contra el muro que levanten las derechitas cobardes al compás que marque la “derechona de los machotes”.
Las cobardes y la otra  no estarán solas, una suerte de cofradías del desprecio acompañaran las exigencias de la rutina conservadora y empujarán con fuerza para que el Gobierno sienta el acoso al que va a ser sometido.  Todas las propuestas gubernamentales serán cuestionadas por alguno de los diferentes grupos fácticos que manipulan a este país.
Previo a la reforma del Código Penal el ejecutivo ha servido como aperitivo la aprobación de la ley de eutanasia. La nueva normativa ha sido presentada para comenzar su tramitación, ¡y qué tramitación!
Hace tiempo que la implantación de una ley que ayude a morir dignamente es una urgente necesidad.  Ayudar a transitar desde la vida a la muerte ha sido largamente demandado por una amplia mayoría social. Carentes de argumentos las formaciones políticas discrepantes han protagonizado un lamentable esperpento parlamentario.
El portavoz designado por el PP  para defender la negativa de su formación a la tramitación de la ley es digno de estudio en los tratados de sociología patológica.
El individuo – del que voy a omitir su nombre – calificó la iniciativa como recorte en sanidad enmascarado de medida social. Parafraseando a un compañero de su propio partido podíamos decir: ¡Manda güevos! El diputado conservador considera que legislar para favorecer la eliminación del sufrimiento es fomentar la eliminación de enfermos y mayores.
El interfecto insinuaba un trasfondo económico en la medida y así hacía hincapié en el ahorro que se va a producir cuando una persona decida libre, manifiesta y voluntariamente poner fin a la permanencia en su ciclo vital.
Resulta que ahora - para oponerse a la ley – el PPOX defiende la aplicación de cuidados paliativos ¡Sí! Ahora utilizan como argumento la técnica sanitaria que antes les sirvió para que unos malnacidos, amparados por una sinvergüenza, acusaran de 400 homicidios al fallecido doctor Montes y su equipo. Los acusados fueron absueltos de los cargos por la Audiencia Nacional, aunque previamente hubieron de soportar un verdadero calvario y un feroz acoso judicial y mediático. El reconocimiento judicial de su inocencia no palió los sufrimientos padecidos, ni siquiera las penas y sanciones que  le fueron impuestas a desaprensivos como Miguel Ángel Rodríguez por un delito de injurias a Luis Montes. Poco consuelo para tanto dolor gratuito cuando el consejero Lamela y su jefa Esperanza Aguirre - auténticos responsables de la persecución – siguieron con su plácida vida.
El sector de poder o grupo fáctico denominado Iglesia Católica, Apostólica y Romana es el principal escollo que la humanidad se encuentra para abandonar dignamente su estado terrenal. Los Obispos siguen empeñados en otorgarnos el perdón a través del martirio. Cada cual que piense y obre como  quiera, lo único que queda claro es que los primados religiosos son capaces de cualquier cosa para mantener la absurda idea de conceder a un ser de su imaginario la propiedad sobre nuestra existencia.
Aparte de la oposición política parlamentaria el Gobierno de coalición deberá lidiar con el fanatismo de militares rancios de casposo abolengo y obispos facciosos con olor a naftalina. No tardaremos mucho en ver unidos a unos y otros con el único y verdadero poder; ese que cambia gobiernos, nombra reyes y alza dictaduras: el dinero.
Los financieros estudiarán cuidadosamente sus opciones y si los militares tienen fuerza y los obispos lo bendicen sobrará dinero para derribar al Gobierno.