viernes, 29 de mayo de 2020

Nostalgia de Marquesas


Un buen día, una mañana primaveral y a lomos del brioso corcel de la estulticia nacional, un triste simpatizante de la Obra de San José María, tiene contra las cuerdas al simulacro de sistema democrático hispánico. Ni más ni menos.
El día 29 de mayo de 2020, es decir 44 años 6 mese y 9 días después de la muerte del dictador, sigue pendiendo sobre las cabezas de los habitantes de esta lamentable identidad nacional el espectro incólume del asesino en serie que robo la esperanza de reconstrucción  a este patético  país.
Bajo palio entraba y salía el sátrapa de los templos. Curas, Obispos y Cardenales le reían los chistes y le otorgaban “gracias” divinas. En compensación el funesto verdugo obsequiaba con bienes, prebendas y poder. Sobretodo esto último, poder, mucho poder.
La corporación creada por José María Escrivá, nació como contrapeso espiritual a otras cofradías y a las injerencias que la autoridad vaticana trataba de ejercer sobre las políticas del dictador.
Haber sido el primer “Estado” – suponiendo que el Vaticano sea un estado, que es mucho suponer – que concedió legitimidad al régimen fascista español tenía que tener sus favorables contraprestaciones.
Para los Papas de Roma traicionar al pueblo español era un tema de menor importancia comparado con los beneficios que acarrearía para las insaciables arcas de la iglesia.
El resto es historia conocida, se firmó un escandaloso tratado (llamado Concordato) entre la autoridad eclesiástica y los usurpadores de la legalidad nacida con la II República de España, que sigue vigente.
Leyendo la Constitución republicana es muy fácil, pero que muy fácil, deducir que la legalidad emanante del sistema democrático del 14 de abril de 1931, fue una liberación del asfixiante yugo déspota que mantenían los carcamales con sotana. La llegada del régimen opresor franquista impidió modernizar el Estado hacia la laicidad.
El militar perjuro declaró el catolicismo(religión oficial) del Estado al tiempo que eliminó la libertad religiosa y de creencias. La imposición del estado nacional católico tuvo nefastas consecuencias para la población en general. Entre las más importantes podemos enumerar el secular retraso socio cultural al que fue sometida y el imperdonable desfase económico con el resto de la Europa que se reconstruía tras la II Guerra.
España seguía abandonada a su suerte y en manos de una cuadrilla de facinerosos que se auto denominaban “patriotas”.
Delante y detrás de ellos desfilaban las sotanas, hisopo en mano, dando fe de la  “hermosura” de comportamiento que acompañaba a los verdugos cuando ejecutaban inocentes en las cunetas.
La levantisca rebelión que los matones denominaron “glorioso alzamiento nacional” ni siquiera trató de enmascarar la intencionalidad de los poderes fácticos que auspiciaron el golpe de Estado; por todos los medios querían recuperar el poder que unas elecciones democráticas les había arrebatado.
La normalidad Republicana era completamente aceptada por esos poderes fácticos mientras los órganos de poder siguieran en sus manos. Siempre que los Gobiernos fueran afines a sus intereses no eran peligrosos. Solo la llegada al poder de las clases populares impulsó la rebelión de Franco.
Hoy se están reproduciendo miméticamente las mismas situaciones y comportamientos. El Gobierno haría bien vigilando los peligrosos movimientos que se están originando. Hay una facción dentro de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que sigue anclada en los privilegios de clase que alcanzó con la dictadura y que años después sigue alimentando la nostalgia involucionista que emana de los uniformes.
La influencia del OPUS DEI dentro de la escala de mando de la FFSS resulta evidente. El ministro Fernández Díaz alimentó con sus cloacas las injerencias policiales en la vida política. La Obra ayudó a sus acólitos a copar  puestos claves en el organigrama policial y peso especifico en la Guardia Civil.
El Ministerio del Interior no ha escogido el mejor momento para hacer la actualización y remodelación de la cúpula que dirige el Instituto Armado, eso no le quita ni un ápice de necesidad para llevarla a cabo.
Al igual que la limpieza de las cloacas del Estado, el cese del coronel Pérez de los Cobos ha llegado con un considerable retraso. Independientemente de su juvenil tendencia a presentarse voluntario para los golpes de Estado.
Sin escrutar el fondo de su currículo (imputación en el sumario de torturas por el caso Urra) el coronel ha dado muestras más que sobradas de una alarmante incompetencia para dirigir la Comandancia de Madrid.
A la Dirección General de la Guardia Civil se le debe reprochar una pasmosa negligencia en la adecuación de la cúpula del Instituto Armado. Hace tiempo que debería haber resuelto la incuestionable influencia que un grupo de mandos afín al OPUS sigue ejerciendo en la corporación a través de mandos intermedios y superiores. Los Pérez de los Cobos de turno seguirán intentando influenciar por medio de sus títeres.
En las FOPS y por supuesto en la Judicatura, la remodelación democrática es imprescindible, en ambas instituciones todavía no se han enterado que la muerte del dictador enterró al franquismo ¿O no fue enterrado y sigue vivo?

jueves, 21 de mayo de 2020

A garrotazos


La pandemia nacional continúa ocupando las calles y plazas públicas armada de cacerolas y cucharones, escudados por el manto protector que les proporciona la sacrosanta enseña nacional bordada con hilos dorados perlados de virginales gotas de sangre de los mártires de la patria.
Vivas a España suenan atronadores rebotando con las paredes de sus mansiones. Los gritos se difuminan entre los toques de claxon de los descapotables que conduce el fiel Fermín. Valentina sacude el cazo con la cuchara al ritmo que marca la señora con su delicado hablar mezcla de un español afrancesado y un inglés caribeño: “Sánchez dimisión”, “Iglesias asesino”, “Una, Grande y Libre”, “Libertad”.
En el asiento trasero del descapotable, un palurdo con megáfono, vocea consignas que el pobre Fermín tiene que soportar estoicamente, grita ¡Libertad! mientras obliga a conducir a su empleado para más humillación de clase. El cabestro palurdo no tiene vergüenza ni edad para alcanzar a tenerla.
La momia vejestorio, a riesgo de contagiarse y participar en el colapso activo de los servicios sanitarios, sale a la calle apoyada en el brazo de la fámula obligada a aporrear una olla que más tarde tendrá que esmerarse en limpiar.
La momia también grita ¡Libertad!
Nunca antes había participado en algarada semejante ¡Claro que no estaban tan bien organizadas! En alguna ocasión se había acercado a mirar cuando Zapatero aprobó el matrimonio entre “maricones”, el divorcio exprés o aquel aborto asesino que nos trajo “el Cejas”. 
Su confesor le había asegurado que monseñor Rouco estaba muy disgustado con la perdida de fe que estaba recorriendo la Patria ¡Donde íbamos a llegar!
¡“Sánchez dimisión”!, ¡“Iglesias asesino”!, ¡“Una, Grande y Libre”!, ¡“Libertad”!.
Al tiempo que el palurdo y la momia hacen su trabajo, en el Congreso de los Diputados tiene lugar una curiosa escena, esperpéntica y cómica si no fuera por la trascendencia de las decisiones que allí se toman.
Dos carneros barbados muestran sus cornamentas para erigirse en el macho alfa de la ultramontana derecha hispánica. Berrean sin descanso hasta quedar afónicos. Nunca habían imaginado llegar a estar en semejante tesitura.
Hace poco sus pretensiones no pasaban de ser un… “Pablo ve y dile…” de Mariano Rajoy o “Santi toma tu chiringuito…” de Esperanza Aguirre.
Ahora los dos líderes se embelesan con la imagen que proyectan ¡Quién se lo iba a decir! Dos mediocres - aupados a los altares por mor de la política más indecente que ha soportado este miserable país  -  se afanan en demostrar quién de los dos es más retrógrado e infame.
Desde la tribuna parlamentaria alientan la desobediencia civil, el incumplimiento de la ley y la trasgresión de la norma, aunque todo ello lleve implícito poner a la totalidad de la población en un inaceptable estado de riesgo ¡Les importa un higo!
Unas pocas muertes más les parecen daños colaterales, igual que la guerra de Irak, los inmigrantes ahogados en el Mediterráneo o los refugiados sirios.
Se decantan por levantar el estado de alarma sin saber muy bien que significa permitir la movilidad nacional ni que leyes pueden ser usadas para limitarla ¡Para esta gentuza, el bien general vuelve a estar en entredicho!
Ver las imágenes de antidisturbios de Barcelona cargando contra manifestaciones de diferentes colectivos, mientras amables funcionarios uniformados facilitan que los palurdos de la banderita del barrio de Salamanca  aporren las cacerolas produce un profundo escozor.
La pandemia peligrosa no es la COVID-19, el verdadero peligro son los millones de descerebrados que siguen empeñados en imponernos sus ideas de sociedad, sus dogmas religiosos y su “paletismo” endémico.
Ese es el purulento virus que nos condena a todos a seguir anclados en una sociedad de película de Berlanga, reviviendo escenas de “La escopeta nacional” y que irremediablemente nos conducirá de nuevo a los tristes episodios de Puerto Hurraco.




viernes, 8 de mayo de 2020

¡Atentos!


Los cuñaos - sabios de barra de bar y de cena  navideña - tendrán que apechugar con sus teorías. Esta vez no servirá de nada el acostumbrado recule que con tanta destreza utilizan. Con cada nuevo dato que llega de los científicos, los listillos se ven obligados a correr a la hemeroteca para destruir las pruebas de su incontinencia verbal.
En este menester no les falta la complicidad de los mamarrachos habituales. Los medios de comunicación oficialmente derechizados cambian de versión con pasmosa facilidad sin aludir a las teorías que habían propagado unos segundos antes.
La catástrofe ha pasado por varias fases, de gripecilla sin importancia a pandemia devastadora prácticamente en la misma intervención mediática.
Mención aparte merecen las definiciones  que los detractores han regalado a las medidas tomadas. Los apelativos han oscilado desde precipitadas y alarmistas a tardías y laxas, Todo ello dicho sin que se les haya movido ni un solo músculo de su endurecido rostro.
Cuando fueron anunciadas medidas de prevención para frenar la extensión de los contagios, los promotores fueron tachados de alarmistas aunque ya se hubieran dado una cantidad significativa de casos, ¿Alguien se imagina que las medidas se hubieran adoptado antes? ¿Al igual que nuestros vecinos portugueses que se confinaron con 4 fallecidos? Solo pensar la reacción que hubiera tenido la “leal oposición” produce escalofríos.
A los falsarios no les importa cuando se tomaron las medidas, ni cuales, ni como se llevaron a cabo, ni con cuantos medios se contaba. Tampoco contemplan el absoluto desconocimiento que se tenía acerca del “bichito”. Su denominador común ha sido tachar las iniciativas del Gobierno como desastrosas, equivocadas, a destiempo (precipitado o tardío), sin fundamento, erróneas y sobre todo ineficaces.
El objetivo era y sigue siendo, desalojar de la bancada azul al Gobierno “social-comunista”.
El método que se emplea para ello carece de importancia. Se sienten legitimados por los millones de votos que sistemáticamente apoyan sus postulados. Así consiguió la extinta UCD, el juvenil tinte democrático que transmutó al aparato franquista en demócratas de toda la vida. Sus desmanes y barbaries quedaron en un segundo plano.
Un acierto de Adolfo Suárez fue distanciarse de la carcunda que emanaba de Manuel Fraga. Al paladín de la democracia el disfraz le duró poco. El conglomerado UCD se desmoronó, después el Congreso forzó su dimisión y por último los ahítos españoles enviaron al limbo al primer presidente de la democracia y su CDS.
Como legado del prohombre nos quedó el nombre de un aeropuerto y un vástago cuyo mayor mérito es acudir a las tientas y apellidarse Suárez.  
La historia ya la conocemos, tras el descalabro de UCD, llegó al poder el personaje  que ha dilapidado el mayor caudal político que nunca ha tenido nadie en este país. La derecha fáctica se vio forzada a recomponer su estrategia. Los que de verdad mandan (grandes familias, capital y obispos) enviaron a Fraga a Galicia.
El invento dio resultados. En 1996 una derecha unificada en torno al “hombrecillo insufrible” alcanzó la Moncloa. Hoy chirria la sinfonía que Aznar compuso y de la unidad se ha pasado a una derecha desgajada y rota en trozos difíciles de unir.
Una de las opciones ha vuelto a retomar la idea para la que fue concebida y que abandonó abruptamente. Su alumbramiento vino señalado con la vocación de ser la muleta que sustituyera a los volubles y pedigüeños partidos soberanistas. Una vez ensayado en el almirez de Cataluña, Ciudadanos saltó a la política nacional.
Pero a los diseñadores del invento se les escapó un detalle, no contaron con la altiva personalidad de Albert Rivera. El chico se vio tan cerca de ser “El elegido” que se pasó de frenada, las ínfulas que doparon al nene del Ibex 35 le hicieron perder la perspectiva y se saltó la raya marcada.
La nueva presidenta está devolviendo el protagonismo perdido a un partido fabricado para influir siempre en el poder. Si es con el PP bien, pero si atornilla al PSOE tampoco está mal.
Los jefes han recordado el camino y Arrimadas ha captado el mensaje. Volver a un bipartidismo tranquilo dejando a Ciudadanos en el Centro. Apoyar a uno o a otro, a una derecha tipo PP o a la derecha camuflada del PSOE.
Ahora que el centro está ocupado, las otras derecha han comenzado la carrera escondidas detrás de banderitas, crespones y grititos patrioteros. Los machos están en plena berrea para demostrar la idoneidad de su liderazgo. Asistiremos a un espectáculo curioso para ver quién se lleva el premio. El perdedor sabe que está condenado a mendigar o desaparecer. La unión de las derechas es la única posibilidad que tienen de volver a satisfacer al poder. Saben que una derecha extrema y una extrema derecha separadas tienen muy difícil alcanzar números que permitan llegar a la Moncloa. Juntas podrían forzar el apoyo de la muleta si saliera la suma.
Las espadas están en todo lo alto. El señor de los másteres regalados busca, en su imagen reflejada en el espejo, un atisbo de decencia y no lo encuentra. El círculo cercano tampoco ayuda mucho. Ineptos y aduladores se esmeran en no ensombrecer la imagen del muchacho.
En la otra esquina, el cafre antediluviano bufa anclado en un odio visceral hacia todo aquello que no entiende y se sale de los cortos parámetros  que adornan sus miras.
Este individuo, cuyo mayor logro es haber vivido como un marajá en un chiringuito fabricado ad hoc por la condesa consorte de Bornos, se permite el lujo de dar lecciones de dignidad y comportamiento cuando ha percibido de las arcas públicas cerca de medio millón de eurazos por rascarse  con fruición las partes pudendas.
Al coronavirus se encontrará una solución científica y adecuada a las necesidades que nos asaltan. Encontrar la vacuna contra otros virus que nos asolan será más complicado.
Ya va siendo hora de que los responsables de la situación política que sufrimos – es decir la población – seamos conscientes que la configuración parlamentaria que libremente hemos decidido es la que hay. Al igual que la leyes que hemos admitido, la Constitución que hemos aprobado o la Jefatura de Estado que nos representa.
Todo, absolutamente todo es susceptible de ser cambiado y mejorado, si no lo hacemos es por falta de ganas, de iniciativa o de voluntad, pero a estas alturas no nos está permitido alegar ignorancia eximente.  
Nuestra historia reciente está marcada por episodios violentos promovidos por salvapatrias similares a los actuales y que por la fuerza impusieron el camino que el pueblo tenía que recorrer.
Esos fantoches siempre han acabado condenando a la gente a una existencia de miseria, hambre y desolación. Normalmente seguidos por largos periodos de represión repletos de más miseria, más hambre y más desolación.
El fallecimiento del torturador tardío apodado Billy El Niño, es un buen momento para reflexionar acerca de la  necesidad de blindar el disfrute de los derechos alcanzados. Después de asistir estupefactos a las intervenciones de la oposición reaccionaria es imprescindible que las instituciones del Estado estén alerta y no bajen la guardia.
Falsear la verdad, pisotear las normas elementales de decencia democrática y desafiar al Gobierno puede conducir al país a un callejón sin salida.
Ese callejón oscuro del que ha costado tanta sangre salir.


martes, 28 de abril de 2020

Así son las cosas


Para conseguir tumbar a un Gobierno legal y legítimamente constituido, se están llevando a cabo viscerales campañas de descredito desde una rastrera oposición. Diferentes ámbitos e instancias  ponen todas sus fuerzas en el empeño para la consecución de su anhelo: derrocar al llamado okupa Sánchez y al peligroso comunista Iglesias.
              “La conjunción del Ejecutivo Social Comunista creado por la confabulación de los enemigos de la Patria…, nos obliga a los españoles de bien a tomar decisiones que – a pesar del dolor que nos producen – ayuden a volver a la senda que España nunca debió abandonar”.
Cerrando los ojos incluso podríamos oír la vocecilla de la mismísima “Paca la culona”, el dictador monórquido  que asoló España durante cuatro décadas.
Esta alocución perfectamente podría atribuirse a cualquiera de los gallardos mariscales de campo que exhiben la banderita en la pulsera, en las mascarillas o tal vez bordada en la ropa interior.
Con la finalidad de justificar  las acciones que propugnan,  ponen encima del tablero político a las víctimas de la catástrofe. Exhibir muertos para tumbar gobiernos es una de las especialidades de la derecha patriótica.
Lo utilizaron con sus teorías de la conspiración, achacando la victoria de Zapatero a la realización de un terrible atentado que quisieron atribuir a la organización terrorista ETA. Las posteriores investigaciones, procesos judiciales y sentencias dejaron en evidencia la falsedad que esgrimieron ministros, políticos e informadores de la conjura.
No importa, a día de hoy 16 años después, sinvergüenzas siguen martilleando a la población disfrazados de periodistas, mediante periodicuchos convertidos en bodrios. Siguen usando  la cantinela de una conspiración para justificar que fueran desalojados del poder los cachorros de Aznar.
La situación que vivimos vuelve a animar a los fanáticos para enardecer los ánimos. Cada vez que los herederos del legado franquista se ven un poco apartados de los atributos del poder, orquestan una campaña para enrarecer el ambiente y lograr por otros caminos lo que la democracia les ha negado.
Si la sarta de memeces con que nos obsequian las viéramos en blanco y negro,  pusiéramos una voz aflautada de niño viejo que nunca crece y lo aderezáramos de ¡Vivas! y ¡Arribas! obtendríamos un perfecto gazpacho de idioteces dignas de cualquier desmembrado cerebral de la emergente extrema derecha actual.
Al rebelde le faltaba un huevo testicular y le sobraba “un huevo de psicopatía asesina”.
Los legatarios políticos del dictador han vuelto. Dejémonos de zarandajas, nunca se fueron, permanecían ocultos. En la actualidad no necesitan disfraces casi democráticos, ahora se atreven a desafiar abiertamente a las leyes, al Gobierno y a los tribunales. Ya están alentando un golpe de estado, tardarán muy poco en reclamar la intervención armada del uniformado salvapatrias de turno.
Una nueva andanada de reproches trata de inculcar entre el imaginario colectivo la culpabilidad del Gobierno en los trágicos resultados de la pandemia. Otra vez cadáveres  encima de la mesa.
De golpe y porrazo se ha propagado por contagio cerebral una excelsa formación epidemiológica nacional. En el más recóndito de los parajes emerge una eminencia capaz de dar solución científica a los estragos de la pandemia.
Las normas dictadas han tenido que ser radicales, en este país las recomendaciones no sirven de mucho, un alarmante porcentaje de autóctonos están incapacitados para entenderlas y menos para seguirlas.
Desde los grupos opositores tampoco han ayudado gran cosa. Los políticos con sus soflamas incendiarias, los empresarios dando patadas al Gobierno en el culo de los trabajadores y la jerarquía eclesiástica manipulando conciencias desde los púlpitos modernos instalados en televisiones, emisoras de radio y panfletos pastorales.
Las medidas preventivas no se adoptaron con anterioridad ni adecuadamente. Cierto, todas las personas que opinan así no dejan de decir una obviedad. El sistema sanitario público fue convenientemente desmantelado para dar negocio a los consorcios sanitarios privados.
Estas Corporaciones  sirvieron a los amos para recuperar los beneficios que habían perdido con la explosión de la burbuja inmobiliaria. Necesitaban otro cado de negocio y lo encontraron en la salud.
A partir de ese momento una España despojada de industria, sin recursos propios y dependiente de los proveedores extranjeros tuvo muy limitada su capacidad de reacción.
Y eso por muchas banderitas que ondeen y caceroladas que organicen no es culpa de un ejecutivo que lleva 100 días de Gobierno activo y 60 de ellos con una  pandemia globalizada.

miércoles, 22 de abril de 2020

Los mismos jinetes de siempre


Si hay algo a lo que conduce el momento que estamos viviendo es a una profunda depresión no exenta de escepticismo hacia todo lo que nos rodea. El amasijo de mortales que componemos la maquinaria productiva e improductiva de la población nacional hispánica somos diferentes, pero no por ser sagaces, ingeniosos, solidarios, simpáticos o inteligentes, somos diferentes por nuestra ancestral inclinación a vivir sometidos.
Somos tan dóciles como los orgullosos caballos españoles debidamente domados. Austrias y Borbones encontraron en la cabaña equina ibérica la realización de sus anhelos: un animal con apariencia de impetuoso y sin embago obediente a la mínima señal del jinete. Todos los pintores de las estirpes resaltaban la gallarda figura de un príncipe sometiendo la voluntad de la indómita bestia.
Nada más lejos de la realidad, el caballo pura raza español encarna la totalidad de las virtudes que los amos de la plantación esperan encontrar en sus esclavos: sumisión, abnegación, fortaleza y servidumbre.
Desde el principio de los tiempos, la tradicional clase dirigente española ha entendido muy bien cómo sacar provecho de las características de los vasallos. Empresarios, capital e iglesia coinciden en sus mensajes con los partidos de la oposición cuando tildan de apocalípticas las medidas que va adoptando el Gobierno.
Los propietarios de la derecha han colocado en el Congreso de los Diputados a unos monigotes para que  socaven la credibilidad del actual ejecutivo cueste lo que cueste.
No les importan las víctimas, los machotes hispánicos siempre han considerado a los muertos como daños colaterales. Para esos jinetes de la indecencia, los fallecidos son cifras en el informe estadístico rellenado por una becaria mal pagada. Siempre que los muertos no sean cercanos ¡Por supuesto! Si son parentela, en lugar de bajas pasan a ser mártires.
Cuando el orbe se debate en el análisis de un nuevo orden mundial, aquí perdemos el tiempo con las ocurrencias de un cura de pueblo recitando la homilía a cuatro feligreses beatos carentes de empatía social.
Mientras los organismos económicos de las naciones avanzadas entienden la necesidad de aportar recursos para paliar la devastación, en esta España tuya y nuestra “los meritorios” paniaguados denigran la renta mínima vital considerándola una paguita para vagos.
¡Ojo que entre los que se posicionan en contra de las ayudas se halla un colectivo tan “productivo” como el de los Obispos! Una tropa históricamente acostumbrada a esquilmar las arcas públicas, niega la ayuda a los desfavorecidos y dañados por esta catástrofe ¿Necesita la Iglesia que los desgraciados sigan desprotegidos?
Resulta una demostración más de la calidad que adorna a la Conferencia Episcopal. La curia defiende la opción de que los recursos sean derivados a la caridad - vía cruz en la declaración de la renta -  para ser gestionados alegremente por los Arzobispados. No les gusta que las instituciones gubernativas dicten medidas de JUSTICIA social.
No es de extrañar, ponderada por los meapilas, la caridad tiene en los derechos sociales a su mayor enemigo.  La justicia equitativa y la redistribución de la riqueza dejan sin sentido la caridad.
Queda clara la oposición eclesiástica a la renta básica: están defendiendo su puesto de trabajo, la caridad es el disfraz con el que enmascaran su falta de función. Sin necesitados no tienen a quién auxiliar y los psicólogos son una dura competencia como consuelo al atormentado.
Los empresarios y por ende el capital, también se oponen a la renta vital. Con una simple reflexión deberíamos preguntarnos ¿Por qué tanta beligerancia?
La respuesta la dio, aunque fuera de manera involuntaria, la comunity manager de un chucho: Isabel Díaz Ayuso. La becaria de “Pecas” defendió el “trabajo basura” diciendo que muchas personas querrían un trabajo de esas características. 
Naturalmente que sí, pero se le olvidó decir - o quizás no está capacitada para reparar en ello - que los trabajos con condiciones laborales por debajo del umbral de la dignidad, no son ocupaciones deseables, son esclavitud encubierta bajo el paraguas de una falsa competitividad empresarial que en realidad esconde explotación.
Curas y patronal siempre han caminado unidos en la consecución de sus objetivos, falta que se adhieran otras piezas para acabar el puzle. Avanza a la carrera una detestable rama política, la extrema derecha se ha desenmascarado y cada vez ocultan menos la finalidad que persiguen. Cuando alcancen la meta lloraremos la estupidez de nuestro comportamiento.
Si todavía no han dado el paso definitivo no es por falta de ganas, es porque desconfían del  seguimiento que suscitaría entre los uniformados un proceso desestabilizador a gran escala.
Afortunadamente, todavía es un escenario que le plantea muchas dudas a esa “derechita valiente” emergida de la neblina democrática con la que se envuelve la derecha pos franquista.
Nos queda esperar que el mando supremo de los ejércitos no sucumba a la tentación de montar un brioso corcel para arengar a las tropas.











sábado, 11 de abril de 2020

El hedor de las propuestas


Los mentecatos insolidarios son muchos más de lo deseable, el número de sanciones interpuestas hasta la fecha supera ampliamente el medio millón. Esto representa que los infractores son casi cuatro  veces más numerosos que el número de contagiados ¡inaudito! Solo cabe una explicación a semejante estadística: la estupidez insolidaria es más rápida que el virus.
En semejante escenario, el Gobierno de coalición tiene que bregar con las críticas que la oposición lanza a su gestión. Utilizan las cifras para minar las acciones y disposiciones gubernativas, tenga o no responsabilidad en las áreas concernidas. Poco importan los traspasos de competencias, ni la gestión descentralizada, ni siquiera la utilización que algunas administraciones han hecho de las partidas presupuestarias.
Piensan esos creadores de opinión que ahora es el momento de centrar toda la artillería en el acoso y derribo de un Gobierno que consideran ilegítimo y al que tildan de peligroso para la seguridad nacional.
Desde las editoriales apoyan a grupos políticos que presentan auténticas ocurrencias sin importar mucho sus múltiples incoherencias, falsedades o incluso que realicen fanáticos llamamientos a subvertir el orden legalmente establecido.
Donde ayer decían blanco blandiendo el salvamiento de la patria, hoy usan el negro para defender a “su patria”. La manifiesta ilegalidad de sus propuestas – tal y como han observado los letrados del Congreso de Diputados – van acompañadas de un absoluto desprecio al ordenamiento constitucional vigente.
Tampoco ayuda mucho la flacidez endémica de la opinión pública. La obscena exhibición de fariseísmo político que adorna a gran cantidad de comunicadores está alcanzando cotas de desconocido filibusterismo informativo. Todo sin que su comportamiento sea repudiado por una la población que debería estar harta de ser manipulada. Estos informadores perversos manejan los datos oficiales - y los que se inventan - con  la torticera finalidad de debilitar la credibilidad de un Gobierno que consideran bastardo.
Los cantautores de la oposición interpretan sus baladas reivindicativas en un escenario de tenebrosos augurios ¡o ellos o el caos!
Son acompañados ¡Cómo no! por relucientes estómagos agradecidos capitaneados por los mariscales del latrocinio: ¡a la batería! Felipe “X” González,  ¡En el bajo! José María “No me aguanta la mirada” Aznar, ¡en el triangulo! Rosa “Me cambio de partido” Díez, ¡Los coros son los medios afines! y ¡tocando la gaita! La Curia episcopal.
Todos contra el Gobierno socio-comunista-bolivariano que ha salido del Congreso de los diputados con la ayuda de los separatistas, golpistas, rebeldes y nacionalistas rompe-España.
Suben a la tribuna de la cámara de diputados y ruegan a dios que acabe con la epidemia porque la ciencia no avanza tan rápida como el agua bendita que lleva el Ángel Marcelo.
Por si dios esta en otras cosas, se invocan la intervención del Borbón para ver si se decide a dar un golpe de timón (esta vez bien hecho, no como la chapuza que las malas lenguas le atribuyen al emérito) con el objetivo de reconducir a la patria por la senda que nunca debió abandonar la de ¡Como dios manda!
Para sus fines postulan a los tres tenores en versión “Sopranos”: Felipe, José María y Rosa, para que elijamos líder.
Una vez visto que la “modélica transacción” permitió a los criminales continuar gozando de los beneficios de sus crímenes, los lacayos del verdadero poder tienen muy poco interés en que nada cambie. De la democracia  ya si eso.
Sobre el mundo se extiende una amenaza sanitaria que indudablemente será superada, aunque las consecuencias que se prevén tienen pocos visos de ser halagüeñas.
Los carroñeros están ojo avizor para rentabilizar la situación que se avecina. Y como siempre ha sucedido desde que el mundo es mundo, los audaces emprendedores esquilmarán la caja que más provisiones tiene: la de todos.
A los reputados economistas liberales se les llena la boca alabando las excelencias de un sistema de libre competencia sin regulación posible,  en el cual – dicen los muy osados - cada uno tenga ganancias de acuerdo a sus valías, preparación y méritos.
Claro que como los beneficios a alcanzar están limitados por las ambiciones de un avaricioso círculo muy restringido, los depredadores miran con ojos golositos la rebosante caja común. Una caja hecha con sudor, sacrificio y trabajo, elementos de poco valor para aquellos que esgrimen el nacimiento, la estirpe y la clase social para alcanzar influencias.
Los meritorios heredan fortunas, puestos de trabajo, cargos públicos y hasta puestos políticos. Cuando ocupan los sitios dominantes lo atribuyen a su especial preparación y valía, cuando en realidad es debido a influyentes presiones de su entorno.
El pago a las prebendas que reciben lo hacen con capital que no les pertenece, privatizan empresas, disminuyen servicios sociales y recortan derechos mientras todo el capital esquilmado es regalado a los mecenas que les protegen.
La situación actual no difiere mucho de otras que ya hemos vivido, las reacciones de las lumbreras socio-políticas suelen ser similares en todas las circunstancias.
En primer lugar vociferan negando la peligrosidad de los acontecimientos, a continuación pasan a un estado de silencioso letargo en espera de que pase la alarma,  a ello le sigue un posicionamiento a favor de cambiar hábitos de comportamiento que han conducido hasta la situación de crisis para atacar con virulencia a todo aquel que ose advertir de las medidas económicas liberales.
Todo acaba con la intervención de los mediáticos mercenarios del poder que colocan a cada cual en su sitio: el dinero en la cima, la iglesia a su derecha, los uniformados a sus pies y el pueblo bajo las botas.

domingo, 29 de marzo de 2020

La pandemia crónica


Las autoridades científicas se encuentren en estado de shock y la sociedad cae en la injusticia de culpabilizar a los políticos metiendo a todos en el mismo saco.
Los expertos intentan aplicar remedios que funcionaron en situaciones sanitarias similares. Los protocolos de actuación tienen un proceso simple:
-          La identificación y/o aislamiento
-          La contaminación y/o propagación.
-          La cura y/o superación.
-          La prevención y/o vacunación.
Algunas de las fases han sido superadas y según los informes que nos llegan parece que está  clara la forma de contagio y la de trasmisión: el contacto directo o la posibilidad de que un infectado deje el virus en algún artilugio que posteriormente pueda ser utilizado por otra persona en un breve plazo de tiempo.
Como principal medida de prevención se está decretando el aislamiento y la confinación. Ello provoca una disminución de la actividad personal, profesional, laboral, empresarial, social y económica, explicitando con el cumplimiento o el desacato la pasta de la que estamos hechos. Al lado de generosidad, sacrificio, trabajo y responsable comportamiento están otras maneras de actuar.
Las retenciones para salir durante los fines de semana a la segunda vivienda, las trampitas para pasear el perro, las múltiples triquiñuelas que se usan para saltarse el confinamiento van íntimamente unidas al tipo de sociedad que hemos fabricado. Es decir, actitudes egoístas, insolidarias, tramposas, irresponsables, desobedientes, señalan con meridiana claridad las prioridades que mueven a cada persona.
Algunos profesionales que están realizando su labor en tiempos difíciles son merecedores de los aplausos que cada día reciben, pero también lo eran en tiempos más normales y estaban olvidados en la más absoluta y completa soledad.
Cuando los gobiernos de Rajoy, Esperanza Aguirre, Camps…, acometieron sin miramientos el desmantelamiento de la sanidad pública, algunos trabajadores de la sanidad (no todos)  alertaron a la sociedad de los problemas que llegarían con esa devastación. Sistemáticamente la marea blanca se manifestó en defensa de la sanidad pública.
Se privatizaron servicios, desparecieron camas hospitalarias, se redujeron plantillas, disminuyó la inversión en investigación, en material y en medicamentos, drásticamente se priorizó las ayudas a las corporaciones privadas en detrimento de la sanidad de todos.
El resultado lo conocemos, nació una nueva burbuja que sustituyó a del ladrillo, la especulación sanitaria ha proporcionado pingües beneficios durante los últimos diez años. Bancos, aseguradoras y brókeres inversionistas han aterrizado en la sanidad cambiando salud por euros.
Los liberales económicos jalean la desaparición del Estado en la gestión de cualquier campo que pudiera representar un beneficio económico para los inversores privados y su capital.
El modelo de USA es la meta que persiguen los lobos de la especulación sanitaria. El negocio de la salud plantea pocas dudas. Ante la pérdida de la salud ¡todos! estamos dispuestos a endeudarnos incluso hasta convertirnos en esclavos de nuestra deuda.
Naturalmente muchas sanguijuelas se aprovechan de la situación, con la complicidad de algunos micrófonos y plumas usados por mierdecillas de la profesión periodística convenientemente comprados. Por supuesto no van a faltar  los políticos ventajistas “salvapatrias” que no van a perder la ocasión de hacer el trabajo que sus amos les han encomendado.
Ahora claman por la falta de personal sanitario, por la falta de camas hospitalarias, por la ausencia de material y recursos. Ellos que se dedicaron sistemáticamente a desguazar el sistema para que sus jefes se llenaran los bolsillos.
Una  prueba más de la congruencia de tipos que cobran de las arcas de un Estado que quieren deshacer y a la vez viven a cuerpo de rey en puestos creados exclusivamente para ellos.
Como ejemplo sirve Abascal proponiendo una confluencia de dios y la ciencia para ver si entre ambos encuentran una salida a la pandemia. Además recomienda no dar asistencia a los inmigrantes no vaya a ser que se curen. Todo normal en la cabeza de un tarugo estructural que tiene la desfachatez de culpar al Gobierno porque no le prohibieron el 8M la celebración de su acto en Vistalegre.
La  otra lumbrera de la derecha hispánica no se queda atrás. Al líder supremo del Partido Popular le chirría que Pedro Sánchez siga las recomendaciones de los expertos. No como su partido que resuelve los problemas de salud (crisis de las vacas locas, ébola…) o ecológicos (el Prestige, proyecto Castor…) encomendándose a la virgen de turno o llamando al ángel Marcelo.
Pablo Casado - que también tuvo a Esperanza Aguirre de mentora igual que su amigo Santi Abascal – el chico del “máster regalado”, se le ocurre como solución infalible izar banderitas a media asta. Será que piensa que el balanceo de la enseña aventará el virus y con la caída se romperá la cabeza.
La aparición de la pandemia del COVID-19 necesariamente obligará a reflexionar al mundo. En España a la gravedad sanitaria que padecemos se une la mezquindad que llevamos muchos años sufriendo.
La avaricia de los grupos políticos de las derechas ultramontanas es la epidemia crónica que sufrimos y continúan propagando con sus  miserables comportamientos. Ya va siendo hora de aprender a defender los derechos conseguidos para encontrar las vacunas necesarias.