Parece que algunos ya dan por sentado el fin del estado de bienestar. Tal vez porque existe una creciente corriente de pensamiento, que no se ha dado cuenta de que el ser humano es socialmente comunitario. O quizás porque la comunidad humana se ha rendido ante la pujanza del estado “consumitario”
Los libertarios exhiben la “motosierra” para eliminar derechos básicos. Las vehementes alusiones a “su libertad” son una proclama de su ignorancia egoísta.
Conservadores, ultra conservadores, liberales, ultra o neo liberales, derechas o ultra derechas abogan por formulas que abandonan al ser humano a su suerte. ¡Cada cual según lo que valga! Frase que para ellos no usan y cambian por: vale más quien más posee.
En definitiva lo que nos vienen a decir es que aquellos que mejor medren, especulen, esquilmen o espolien los recursos de todos, tienen que ser los que mejor vivan. Pero además que se note. Que la diferencia sea tan ostensible que genere envidias entre sus congéneres.
No solo quieren más. Necesitan que sea evidente que tienen más. Les resulta imprescindible que el mundo se arrodille para poder mirar condescendientemente hacia abajo.
Lamentablemente el ansia de relevancia se observa en todas las capas sociales. Los nobles buscan la aprobación de Felipe VI, los muy adinerados desean un palco junto a Florentino, los ricos de provincias codearse con Roig o Botín, los magnates quieren ser relevantes en el casino de su ciudad o pueblo, los generales desean ser invitados – como autoridad – a los eventos sociales,… y así sucesivamente hasta llegar al humilde trabajador que quiere poseer cosas que no tiene su vecino.
Con estos mimbres humanos se tiene que defender un “Estado de Bienestar” definitivamente sentenciado. Los pilares de ese Estado: Igualdad, Justicia, Educación, Sanidad y Pensiones, están siendo desmantelados con precisión cirujana. Quedaran como restos de derechos marginales anotados en una Constitución inservible.
La justicia y la igualdad están cercenadas desde el momento que la propia Constitución contempla aforamientos, prescripciones e inviolabilidades ante la ley. De igualitario tiene poco. El espectáculo de la justicia daría para varios artículos. Únicamente un apunte; ¿Cómo se resarce a los votantes de Alberto Rodríguez después de ser desposeído de su escaño en el Congreso de Diputados? y ¿Cómo se repara la persecución jurídica a Mónica Oltra? O ¿Quién restituye a Podemos del acoso judicial sufrido? ¿Van a pagar las consecuencias los jueces partícipes del juego sucio?, ¿Pagará la presidenta Batet por su conducta cobarde? y ¿Los periodistas divulgadores de bulos serán expulsados de la profesión? No es necesario contestar, sabemos que todos seguirán con sus placenteras vidas .
Los únicos afectados serán los votantes de esos políticos y partidos, que sabrán que su opinión NO le importa a nadie, ni siquiera a la ley. Las patas de justicia e igualdad que sostienen el Estado están siendo cuidadosamente quebradas.
Al hablar de educación hay que introducir en la ecuación a la Iglesia Católica. Un país, constitucionalmente aconfesional, resulta que promueve el desarrollo de una creencia en las edades más vulnerables del ser humano. La única frase pertinente es “Fuera la religión de las escuelas”. Una vez ahogada la educación pública, laica y de calidad, se fulmina otro derecho básico.
Cuando en 2008 estalló la burbuja inmobiliaria, la especulación sanitaria vino para ocupar el vacío de latrocinio que abandonaba el ladrillo. A día de hoy conviven las dos serpientes especuladoras. Los fondos buitre han convertido la vivienda en un drama. Las concesiones que se hacen de la sanidad pública a empresas privadas resultan una broma pesada.
La responsabilidad de ambos sectores está en manos de las comunidades autónomas. Los conciertos educativos avalan el dominio de la Iglesia Católica en ese campo. La gestión de hospitales en manos privadas persigue el enriquecimiento de parientes y amigos a costa de la calidad sanitaria.
Y en esas estamos, una educación pública precaria y empobrecida, al lado unos conciertos con entes privados que acumulan subvenciones y recursos.
En salud, infinitas listas de espera, falta de atención primaria, escasez de especialistas, reutilización de material de un solo uso, hospitales sin médicos.
La sanidad y educación pública paulatinamente desmantelada por los responsables de las Comunidades Autónomas. La cojera del estado de bienestar es preocupante.
Una vez rotas estas patas, falta otra muy importante, otra que habla del respeto que la sociedad debe a la aportación realizada con el trabajo de una vida laboral. Eran reglas de juego universalmente admitidas que ahora están siendo cuestionadas. Es la forma de actuar de los tramposos: cambiar las normas a mitad del partido para buscar ventajas.
La bolsa de las pensiones es un tesoro muy jugoso en riesgo de ser expoliado. Los planes y vías para hacerlo son variados. Se utiliza la cuantía de la pensión diciendo que percibe más un jubilado que un trabajador en activo. Existen casos que sí, pero no es responsable el jubilado. La responsabilidad de los bajos salarios recae principalmente en el empleador, sin olvidar al trabajador que vota al explotador.
Una vez cuestionada la cuantía se busca disminuirla y que sea completada con planes privados de pensiones. Persiguen eliminar otro soporte del Estado de Bienestar: el derecho a descansar y no ser productivo en una sociedad que no necesita tanta productividad absurda.
La cantinela es que no va haber dinero. No es cierto, sí lo hay, otra cosa es que se robe y además se distribuya mal. Partidas a estudiar podrían ser la asignación en gastos de defensa, las aportaciones a la Iglesia Católica, la exención impositiva a sociedades que ejercen actividades económicas (Fundaciones y otra vez tropezamos con la Iglesia Católica), tablas de impuestos ridículas a SICAV y otros chiringuitos financieros. Hay muchos recursos que se pueden usar para garantizar la hucha de las pensiones si no se dilapida y no se malversa.
Una vez cercenada la justicia y eliminada la igualdad, vendidas educación y sanidad, cuando acaben con las pensiones podrán enterrar al estado de bienestar.