En el proceso electoral, celebrado en octubre de 1982, el PSOE ganó las elecciones generales. España iba a tener un presidente de Gobierno socialista ¿Socialista?
Tras más de cuatro décadas de oscuridad asesina, parecía que comenzaban a alumbrar los primeros rayos de libertad democrática.
La ensalzada modélica transición se sentía preparada ¡Por fin! para recibir a un Gobierno heredero de aquel que, en su día, fuera desalojado de forma brutal e ilegítima por un cafre uniformado. El ejecutor contó con la ayuda de los capitalistas patrios y fue avalado por la Santa Madre Iglesia Católica española.
Cabría suponer que con la llegada del PSOE al poder, los defensores de la II República verían colmadas o cuando menos, atendidas sus aspiraciones de justicia y reparación ¡Qué decepción!
Los sucesivos Gobiernos socialistas - dirigidos por el binomio sevillano - transitaron por las aguas de la democracia acercando al país a la forma de vida de las democracias europeas que nos rodeaban, pero sin incomodar a los poderes facticos que sustentaban su existencia.
Los cambios en materia social, por minúsculos que fueran, iban a parecer profundos porque no debemos olvidar de dónde veníamos: de una dictadura Nacional-Católica. Aun así, en la actualidad, seguimos padeciendo los desatinos provocados por los dirigentes del PSOE de entonces y que han mantenido los sucesivos Secretarios Generales hasta el día de hoy.
El señor de la cal, forjador del triste episodio de terrorismo de Estado con el que nacieron los Gal, se lavó las manos en el área educacional y se inhibió a la hora de mostrar a sus conciudadanos lo que nunca más debería volver a suceder.
Ciertamente, durante los Gobiernos presididos por González se alcanzó la universalidad de la educación haciendo que fuera obligatoria y gratuita. Pero lo hizo a costa de alcanzar unos infamantes acuerdos con la jerarquía eclesiástica: la Iglesia Católica seguiría adoctrinando a los niños durante su periodo escolar. Y de esta manera, a la chita callando, nació la subvención a los colegios privados.
Se firmaron los conciertos educativos con centros de enseñanza que mayoritariamente estaban en manos de congregaciones religiosas.
En un primer instante pudo haber sido necesidad por la falta de recursos del Estado para alcanzar una educación universal gratuita, a día de hoy sabemos que fue un nicho de mercado que la Iglesia no estaba dispuesta a ceder voluntariamente. Tampoco ningún Gobierno se ha atrevido a abrir ese melón.
Y de esa forma tan simple se ha conseguido inocular en la conciencia social la idea del derecho que asiste a los padres para elegir que sus hijos sean instruidos en las creencias que ellos profesan. Y naturalmente, que el Estado corra a cargo de la propagación de sus dogmas.
La inacción de los gobiernos del PP se explica sola escuchando a Mayor Oreja. El ex Ministro del Interior del Gobierno y presunto candidato a ser señalado en la libreta azul como sucesor de Aznar, se despachó a gusto durante su intervención en unas jornadas en el Senado español. La victoria “científica” del creacionismo sobre los científicos defensores de la evolución fue su propuesta estrella ¿Con semejante mimbre, qué clase de cesto se puede hacer?
Lo verdaderamente doloroso es ver a personajes relevantes que teóricamente discrepan con el pensamiento de fundamentalistas como Mayor Oreja o Polonia Castellanos (abogados cristianos), no mover ni un músculo de la cara cuando en sus manos han tenido y tienen la posibilidad de cambiar las cosas e impedir la difusión de determinados mensajes.
Un buen ejemplo de dejadez es la tardanza en eliminar del Código Penal los delitos de ofensas a los sentimientos religiosos y a la corona. “Únicamente” llevamos cincuenta años de retraso.
Y ya puestos a recomponer ¿Cuándo se empezarán a deshacer los inconstitucionales acuerdos con la Santa Sede, el Vaticano, o como quiera llamarse esa fábrica de pederastas?
¿Sacerdotes en los cuarteles, en los hospitales, en las universidades, en los colegios? ¿Ceremonias de Estado con intervenciones de Obispos y Cardenales? ¿Dónde queda la neutralidad estatal en materia religiosa? ¿Para cuándo la recuperación de los bienes expoliados por la Iglesia Católica española?
Las formaciones políticas simulan la tenencia de una tarjeta de identificación para entrar en el club. Cuando se cruza el umbral de la entrada al recinto, todo lo que se hace está ligado a la tarjeta que ha abierto la puerta.
Si la tarjeta usada es del PP las actuaciones son conservadoras o liberales. Con su uso pueden morir 7291 residentes geriátricos como daño colateral. Esa tarjeta también habilita para comer en “El Ventorro” mientras los ciudadanos de tu comunidad autónoma se ahogan.
La tarjeta “psoeista” es muy compleja. Con ella, lo normal es bajar la mirada mientras se observa como Pablo Iglesias - que ha conseguido articular una mayoría suficiente que aúpe al PSOE al poder – y la ministra Montero, son acosados en su domicilio durante meses en presencia de sus hijos.
Mirar hacia otro lado – habitualmente hacia la derecha - es la forma poco edificante de eludir responsabilidades que usan algunas personas que se autoproclaman de izquierdas,.
La mala suerte es que los facha-depredadores cazan sin cesar y ahora tú, Pedro Sánchez, eres la pieza a abatir.
Sin contar las cargas de profundidad que han disparado contra Pedro, desde tus propias filas Lambán, Page, Susana, Leguina, Redondo…, el superviviente resiste en un permanente desasosiego por lo que puedan hacer los popes del “psoeismo” más arcaico.
En los últimos tiempos, el dúo constrictor, ha decidido ir a por su “archienemigo”. Por suerte para los intereses de Sánchez, en los aledaños de la cúpula del PSOE, no se vislumbra – de momento – ningún candidato a presentar batalla. Esa suerte tiene, o eso ha logrado.
Las estupideces de Alfonso Guerra añorando los chistes de mariquitas y gangosos se califican ellas solas.
Sin embargo, las últimas palabras de Felipe González requieren más atención, sobre todo por el temor que ocasionan. Pedir al Gobierno de tu país que reconozca como presidente de Venezuela a Edmundo González es un ejercicio de desfachatez similar al de reconocer a un tal Guaidó. Por cierto ¿Para nombrar a Edmundo ya han destituido a Guaidó?
Seguramente Maduro no sea el mejor presidente para Venezuela, dudo mucho que lo fuera Guaidó, o que lo vaya a ser Edmundo. Por otra parte, Carlos Andrés Pérez, amigo entrañable de Felipe González, estaba muy lejos de ser una buena opción para los venezolanos.
Cuando se demostró que George W. Bush fue nombrado presidente habiendo perdido las elecciones ante Al Gore, el amante de los bonsáis tampoco se ofuscó tanto. El mismo Al Gore calló dócilmente y el mundo hizo un estruendoso silencio.
Otro capítulo escandaloso lo encontramos con la victoria electoral del tándem Trump-Musk. Su nombramiento como 47 Presidente de USA es una mala noticia para EE.UU y terrorífica para el mundo. Han sido aupados a la cima del mundo un nazi condenado y un condenado nazi. Pura democracia de mercadillo.
El mayor problema, que se observa en Felipe González, es que se encuentra más cómodo con los planteamientos de Feijoo embarcado en “Dorados” temas, que con la búsqueda de justicia social que persiguen las formaciones que sostienen al Gobierno de Sánchez.
Como espectadores de la lucha entre el viejo y el nuevo orden del PSOE vemos a Sumar que ni suma ni resta y a Podemos que quiere y no puede porque los medios de comunicación, pero sobretodo los jueces así lo han decidido.
Es muy arriesgado fiarlo todo al apoyo de EH Bildu, ER y al mantenimiento de las posiciones de PNV y JUNTS para sostener las demandas progresistas y frenar las exigencias fascistas.
Las derechas nacionales y nacionalistas están separadas. Por ahora. El dinero todo lo une.