Las caras que presenta el mundo ante
los acontecimientos recientes, nos muestran parte de la realidad que nos ha
tocado vivir. A estos tiempos los llamamos “convulsos”, en realidad no son tan
diferentes de tiempos pasados que estaban aderezados con sus propias
convulsiones.
El gen imperialista estadounidense no
es nuevo ni una paradoja del destino. Es la consecuencia de la servil sumisión
que otros actores mundiales han mostrado al abusón del colegio. Los matones
tienen siempre el mismo comportamiento y este se reproduce por idénticos
motivos.
El macarra del patio del colegio ¿Nace
o se hace?
Hay diversas teorías, la más común es
que se estimula, desde segundos después de nacer, la aparición de una vena
borde; que bien trabajada, concluye en un acosador de primera con connotaciones
de lerdo estructural.
Estos indicios vienen provocados por
padres patológicamente bobos, estructuralmente desequilibrados, socialmente
repudiados y anímicamente atrasados. Vamos lo que se viene conociendo como
escoria humana con la que tenemos que tratar de convivir para no convertirnos
en exterminadores de memos y por consiguiente; igual que ellos.
Donald Trump es un ejemplo académico de la teoría del matón del colegio llevada a su máxima expresión. Ver las imágenes grabadas del “anaranjado voraz” siguiendo la película de los Delta force secuestrando al Presidente Maduro es una prueba irrefutable de su escasísima calidad moral.
Un individuo con problemas de atención miraba ensimismado la pantalla mientras sus muchachos cazaban a un matrimonio en la cama. Antes, los “madelman de Donald” asesinaban a sangre fría a los miembros de la seguridad personal del Presidente Maduro que previamente habían sido vendidos.
Los muertos, de los otros como dijo
Trump, no eran actores que tras el rodaje se levantaran para ir a comer
hamburguesas. Eran personas que fueron asesinadas de verdad en una operación
sin ningún tipo de aval judicial. Ni siquiera el aval de la justicia de mierda
del sistema jurídico estadounidense.
Una vez que acaba lo que para Donald
es un espectáculo y para el mundo un delito contra la legislación
internacional, el enfermo de egolatría se levanta del sillón, estira su
chaqueta y se va a dormir. Quedan en la sala los perritos falderos que susurran
a su amo lo guapo y listo que es.
La reacción mundial pasa de la perplejidad al pasmo pero siempre acaba impregnada de servil sumisión.
China y Rusia dicen; “No Trump, así no” pero no hacen nada. Ni siquiera defender los intereses comerciales que mantienen con un aliado.
En América latina se oyen voces discrepantes pero ninguna resolución contundente: retirada de embajadas, cierre de bases americanas en suelos nacionales… nada. Protestas vagas y sin consecuencias.
En Europa, ¡ay Europa! Los hay que defienden
el secuestro hasta quienes aplauden la intervención ¡Ay Europa! ¡Cuánto dueles
y para que poco vales!